Era la segunda página del frío que llegaba Santander con unas ganas diferentes. Un invierno que busca un escenario que no sea una cama. Un abrazo en el banco de siempre. Un atardecer que escuche una risa y no un suspiro de placer.
Ella buscaba un beso guarro de los que te incendian hasta el pasado. Un beso guarro que no sale bien y cierra de un portazo la puerta de tu mente.
Buscaba una canción de amor aún sin componer, y donde ella fuera la protagonista. Y de verdad que no la culpo, porque se lo merece, de verdad.
En otras almohadas intentaba no morir de frío mientras se le enfriaba el corazón. Pero sabía que allí no se escribían canciones que no fueran con un toque desafinado.
No era salir a ganar, ni tampoco perder la cabeza. Es más como salir a matar y morir en el intento. Son labios que pocos prueban pero que mucho marcan, intentos de principio con tormenta después.
Apenas empezaron a empezar. Es un prólogo que escribiría un capitulo, incluso un buen libro. Un verso de verdad sólo para olvidar la razón. Fue el principio de un libro con chaqueta de cuero.
Era conocer por probar y probar para apostar.
Y ganó el cariño del invierno.
Y desde aquí, desde el fondo de mi habitación le deseo toda la suerte del mundo.
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