sábado, 25 de agosto de 2012

La madrugada de una noche de verano.


La música vuela por la terraza a los pies de mi cama.
Los altavoces del portátil escupen una canción de hace siglos, de tres violines y un bajo continuo.
Tiene una melodía mágica, quién sabe si un recuerdo escondido.
Inspira compromiso, de ese que te dice que es para toda la vida, de enamorarse de aquella chica que una vez viste por la calle.
Suena a pasado, a presente y a futuro, a dos vidas inocentes que nunca se quedarían en el olvido.
Me acuerdo de noches en vela en esta cama, del tiempo que nos muerde el corazón sin avisar.
Me pregunto si es curiosidad poder hacerte reír el resto de tu vida o si es la vida la que nos debe mas de un momento juntos.
Mi cuerpo cruzado en la cama sigue escuchando tu voz.
No existen dudas, ni descuidos. Ni quinceañeros enamorados viviendo como kamikaces en esto de quererse.
Miro la historia y los detalles. La capacidad que tienes de que cada vez que rozo tu piel me enamore mas de ti, si es posible quererte aun mas.
Se respiran cerca, se sienten aun mas.
Se acaba la canción y decido cerrar los ojos. 
Es amor, pienso. Es una forma de decirte que quiero que seas feliz, conmigo. Que quiero verte sonreír el resto de mi vida.  
Sólo sirve vivir, sirve decirte, antes de empezar a soñar, que hoy me he acostado pensando en ti, como cada noche.
Sólo puedo asegurarte, que te amo porque eres feliz conmigo. Por eso, ni por la noche más triste, dejes de serlo.

Pincha aquí y veras la canción.

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