lunes, 8 de julio de 2013

Hace mucho desde aquel día.

Hace mucho que me enamoré de aquellos ojos que pestañeaban a la velocidad de la luz.
Hace mucho que supe que no quería besar otros labios. Al no ser que fueran los suyos, un día más.
Una mañana más, metida en mi cama.
Con las sábanas revueltas.
Estoy seguro de que no hay nadie mejor. Que ni recorriendo el mundo entero más de mil veces, podrías encontrar, a alguien que se pareciera a ella.
A una chica que te arrancará la sonrisa. Hasta cuando tu vida ha dejado de tener sentido. Que te hiciera cosquillas en las costillas, y que te sacará lagrimas de la (son)risa.
Aquella que te muerde la oreja. Las entrañas. Hasta el corazón. Y que sepa dejar huella en él.
Quien te absorbe con los ojos, o con un chasquido de dedos. La que hace que vivas abrazado a su espalda. Cada viernes por la noche. Y la que te tire de la cama una vez por cada noche y que te sea imposible enfadarte.
Quizás ella sea  lo más parecido a la perfección.
Hace mucho que deje los amores de verano por el de verdad. El que no tiene final, pero que si que tiene mucho de feliz. Un amor de los que hacen que sobren todos los lugares.
Y desde aquel día pequeña, eres lo mejor que tengo en esta vida. Eres la mayor suerte que he podido tener.



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