Resulta que dormir(me) sin pensar(te) no es un buen trato. Ni tampoco lo es dormir(me) sin soñar(te). Ni estar separados en dos camas distintas, en dos habitaciones extrañas, en dos casas a tres calles de distancia. Porque lo bonito y lo que extraño cada noche, no es solo dormir el uno frente al otro, es cerrar los ojos y empezar a sentir tus labios.
Se acercan las dos de la mañana. Yo en mi cama y tu en la tuya. Y no entiendo porque dos almas tan enamoradas, tan unidas, tienen que acabar los días separadas. Si entre todas mis aficiones, mi preferida es verte soñar al otro lado de la cama.
Por ello nunca lo entenderé, que si de veinticuatro horas que tiene el día, yo quisiera estar treinta abrazado a tu espalda, desnudos, entre las sábanas.
Y no por esto quiero decir que solo te extrañe por las noches, lo que pasa, es que el amor se hace cada hora mas fuerte. Y si te tuviera que desvelar algo, te diria mi vida, que no hay día que lo pase sin estar enamorado.
De ti.

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