Había entendido que al igual que cae la nieve, nuestras vidas pueden congelarse en cualquier momento.
Muertos de frío nos buscamos bajo las sábanas de aquella "cama de 90".
Una cama que era demasiado pequeña para albergar tantos sentimientos aunque suficiente para no dejar de rozarnos.
Rozarnos la piel, como se rozaron nuestros corazones en aquel inicio de primavera.
Y entonces, es cuando el frío del invierno deja de ser tan frío.
Y comienzas a entender la existencia de esta época del año.
Porque esta época se creó para hacer sitio en nuestras vidas y si nos dejamos, en nuestra cama.
Una cama que por muy pequeña que sea se nos hace inmensa.
Y con esto digo, que no hace falta una cama para rozarnos ni para sentirnos.
Y que el invierno esta hecho para besarnos.
Había oído hablar de que el invierno
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