domingo, 11 de marzo de 2012

La primavera improvisada y el intento de cordura.

Metió la llave indicada en la cerradura.
Era de noche, y volvían de perderse entre las calles y los bares a medio cerrar.
Caminaban a ese rincón  de humo y risas, de resacas que despertar y de historias para no dormir.
En realidad esas casualidades habían sido testigo de cada beso y cada sonrisa. De los chupitos derramados, de las canciones escondidas en una cama distinta, de ese invierno que te derrite y de las deudas con su boca.
De momentos que vivir en su boca y una calada honda, de amores que vienen y quieren quedarse.
Culpable de cada beso robados, de noches de invierno y privados, de abrazos con cariño y sonrisas de entre medio.
Entre la primavera improvisada y el intento de cordura llegó esa noche en el que me di cuenta de que la quería. 
Una caricia en el fondo de un corazón, una entrada casi llena y mi otra mitad en el otro lado del mundo.
Metieron la llave en la cerradura y subió hasta que perdí la cabeza. 
Hoy vuelvo a apostar por una nueva vida, contigo, en esos rincones que poco son pero mucho sienten.

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