martes, 27 de marzo de 2012

Te quiero, como siempre, como nunca; dulces 17.

Se fue a buscar el amor una tarde de Enero e inundó la ciudad con su acento de sal. Vio muchas lunas llenas desde su terraza y la Torre Eiffel se quedó pequeña al lado de su corazón. Pero sus ojos pintados de invierno se enamoraron al entrar en casa por navidad. Por eso las diecisiete primaveras le llegan allí donde solíamos gritar. Por eso cumple Diecisiete años entre la arena de la playa que nos ha visto crecer. En la barra del bar que hace esquina que tiene nuestros nombres escritos a fuego. Que nos ha visto ser niños y dejar de serlo. Volar por encima de las nubes y caernos con todo el peso, después. En los pasillos de aquel colegio en el que la encontré. En tu habitación y yo en la mía por teléfono donde pasábamos las horas muertas llorando los desamores. Con ojos pequeños y sonrisa de haber pasado mas de mil guerras.
La ciudad se volvió loca por ella tal y como muchos años antes había hecho yo. Me la robó una clase de ciencias para devolvérmela un siglo más mayor, pero la misma sonrisa. Las mismas ganas. Y yo convertí los kilómetros en segundos por ella, le escribí un texto y me cubrí de morriña una vez a la semana colgado de un teléfono, cuando solo ella podía salvarme. Muriendo por su abrazo en el invierno. Por un paseo en coche con los cascos puestos llorando por cualquier desamor. Por una copa doble de alcohol con dos de gotas de cariño en nuestro bar mientras nos empañan los recuerdos de una vida compartida. Aferrado a la mano que me tendía desde la cama en las noches más frías que recuerdo. Porque solo ella creía en mi cuando hasta yo había dejado de hacerlo. 

Es de las que se quedan hasta el final, incluso más. De las que nunca verás irse sin ti . Ni mentir. De las que deben sonrisas pero no explicaciones. De las que andan escuchando música y suben el volumen cuando suena el estribillo .De las que se comen la ciudad con tan solo probarla. De las que curan cicatrices y hacen de paracaídas. De las que lo dejan todo cuando dices ven. De las que están en todas las historias de cuando éramos pequeños y no tanto. De las que están cuando nadie más. De las que quieren como la que más. De las de verdad.
Es una tercera parte de mi felicidad, que cumple años con ella desde hace más de dieciséis años.
Feliz cumpleaños Paula.
Desde mi habitación, donde hasta las hojas de esta primavera preguntan por ti.
Te quiero. Como siempre. Como nunca.

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