Las personas pequeñas que hacen cosas grandes. Como ella.
Apareció un día de septiembre en tu vida y a partir de ese momento, tu vida fue todos los antónimos de la palabra cordura. De Santander a Bilbao. De Bilbao a Madrid. De Madrid a Nueva York. Sin parada para coger aire. Pero solo si es contigo, como decíamos.
Ella es siempre la última en abandonar la fiesta. La que con una mirada hipnotiza, con dos enamora. La que siempre está y la que nunca falta. Con ella tienes más de un millón de historias buscando los lugares de los que hablan las canciones, bebiendo la ciudad de un trago y sin respirar. Y las noches se hicieron inolvidables al lado de amores efímeros y besos letales. Y las lágrimas desaparecieron cuando apareció ella. La mejor compañía para planear el asalto al mundo en los cafés de tu ciudad, para perderse en los aeropuertos, para amanecer charlando con cara de locos, para dormir en el autobús, para coger aviones. Para hacer noche en un coche. Para hacer guardia en la puerta del instituto hasta que sus amores imposibles salen a echar un piti. Y guiñan un ojo en la distancia. Como superhermanos que bailan en La estación. Comiéndose la ciudad con su sonrisa a cada paso. Como si mañana no existiera y hoy fuera a durar para siempre. Santander no sería mágico sin ella.
Ella, y sus maneras de Preppy. Bebiendo ron y bailando “el perreo”.
Y por las noches, en la zona de mimos, deja huellas dactilares de sexo sin amor en cada sábana. Pero el corazón le pica cuando hay luna llena y los gatos callejeros aúllan en los tejados, y le sale el amor que pudo ser y no fue por los poros. Por las 7 vidas que aún nos quedan. Como el ángel que me cuida desde arriba. Por eso con ella a tu lado, lo difícil se vuelve fácil. Like a “amores imposibles”. Lo imposible no existe con ella. Y se pone guapa delante del espejo las noches que toca viajar en tren, y se pone nerviosa. Y se pone fan, fan fatal. Con ella saltas en las primeras filas desde el día en que la conociste. Y os coméis el mundo o pasáis la tarde en un banco. Con ella apareces sin dormir en la puerta del instituto después de la mejor noche de tu vida número cien. Con ella subes de dos en dos las escaleras del instituto compartiendo auriculares. Las calles de Santander callan, cómplices, historias prohibidas y dibujos de los que no se pintan, se dan. Secretos en cada rincón. Saltos de alegría al doblar las esquinas. Los mejores recuerdos de los últimos 11 años son aquí. Son con ella.
La chica fácil más difícil de coger de la gran ciudad cumple diecisiete primaveras. Once conmigo. Tres millones las que nos quedan.
Felicidades.
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