domingo, 23 de diciembre de 2012

Porque lo único que de verdad te importa es ella.

Nos esforzamos en hacer planes. 
Estamos empeñados en trazar minuciosamente todos los pasos a seguir. Elegimos la ropa, el pelo, la comida, la casa, el felpudo de la entrada. Elegimos a las personas, el color de las paredes, el coche, la universidad, la marca de tabaco, las bandas sonoras, los cuadros. 
Hay treinta y cuatro marcas distintas de lavadoras y ochenta y cinco de champús para el pelo. Y ya ni hablar de las latas de atún en aceite. Podemos elegir entre un número infinito de taxis, el horario de un vuelo, la profesora de las clases particulares de matemáticas de tu hijo, el color de los adornos del árbol de navidad. Té o café. Perro o gato. Coche o moto. Mar o montaña. Hachís o marihuana. Rubias o morenas
Nos dejan elegir tantas cosas que acabamos creyéndonos que podemos elegir la vida.
Pero resulta que existen los motivos. Y las razones. Y las causas. Y toda esa mierda. Y llega un día y va la vida y lo desordena todo. Y dan igual la ropa, el pelo, la comida, la casa y el felpudo de la entrada. Porque lo único que de verdad te importa es ella. De repente te encuentras en el único lugar en el que nunca habías esperado estar. Y no necesitas meterte nada para que el corazón te lata tan fuerte que sea difícil eso de hablar y respirar a la vez. 
Se rompen los esquemas y se olvidan los planes.

Lo que trato de decir, es que hace nueve vidas y media que tenía su voz en los oídos y de repente, me he encontrado dando una vuelta en cama para poder abrazarla por la espalda. Y entonces va ese tío y se tira desde la estratosfera. Lo veo caer al vacío desde el sofá de mi casa, mientras es domingo. Y pienso que qué sabrá ese tal Felix sobre el vértigo si nunca ha mirado el precipicio que hay en tus ojos. 
Ni ha visto caer tus párpados como guillotinas. Ni te ha escuchado susurrar bajito, como el viento.
Y ahora, te diré que nadie ha conseguido que fuera más adicto a su sonrisa que al humo tabaco salvo tú. Y que las mejores fotos son las que se hacen para no ser publicadas.


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